La Copa de la Reina, el practicante ocasional y el futuro del basket
Por Julián Felipo
La Copa de la Reina se había instalado en el calendario con un formato acorde con las expectativas de los aficionados y las aspiraciones de los clubs femeninos que tenían mediada la temporada un aliciente más para clasificarse y, una vez en ella, dar alguna sorpresa. Ocho equipos -uno de ellos anfitrión-, tres o cuatro días y la oportunidad de ver en acción a las mejores jugadoras del país eran la fórmula ideal para dar protagonismo a la competición. La FEB anunció esta semana que la edición de 2010, que se disputará en Zaragoza, se ve reducida a semifinales y final, lo que ha generado gran revuelo en algunos sectores y provocado la difusión de una nota de desacuerdo por parte de la Asociación de Baloncesto Femenino (a la que están adscritos algunos clubs).
Una vez escuchadas o leídas las razones y los planteamientos de unos y otros, se deduce que la Copa no se juega con cuartos de final por problemas de dinero. Al parecer la Asamblea de la FEB aprobó la reducción dando como plazo el 30 de julio para encontrar una sede que hiciera frente a los gastos con ese formato. Transcurrido ese límite sin hallar candidata, la enmienda de los representantes de los clubs se retiró y la reducción quedó servida. No es la fórmula ideal pero es la que resulta posible con los recursos disponibles, una filosofía muy propia de la FEB del presidente José Luis Sáez al que quizá se puede acusar de muchas cosas pero no de querer frenar el desarrollo del basket y especialmente el femenino.
El pasado lunes, con motivo de su visita a MD, tuvimos la ocasión de analizar con él la actualidad del basket desde distintas perspectivas en una comida distendida -con presencia del presidente de la Catalana Enric Piquet- que dio para mucho y me confirmó que seguimos estando ante uno de los más emprendedores dirigentes del basket de nuestro país. Además de las declaraciones que publicamos en nuestra edición del martes, Sáez habló de la necesidad de ampliar la base con nuevas fórmulas que hagan más fácil la captación de aficionados y de fomentar los formatos reducidos (tres contra tres, concursos de tiro…) para acceder al practicante ocasional que busca pasarlo bien sin ataduras ni grandes estructuras federativas. Criticó la fragmentación que padece el basket para explotar su potencial social y económico, de la confusión que todo ello provoca en el seguidor y en los patrocinadores. Cargó contra el proyecto de cambio de la Ley del Deporte señalando -como ya intuíamos- que los políticos no saben a qué atenerse porque los modelos implantados han fallado y no hay alternativas. Hablamos de Gasol, de la Selección, de los Juegos frustrados de Madrid… y en definitiva de un futuro del basket que sería muy sombrío si no fuera por las alegrías del verano y ese horizonte del Mundial 2014 que debería servir de impulso para recuperar la ilusión.









