El jugar en un casino es como jugar a baloncesto: divertido, desafiante y excitante. Pero ninguna canasta puede compararse a la ganancia del premio gordo.
Cuando la semana pasada el magnate Ruper Murdoch anunció su intención de bloquear el acceso de Google a los contenidos de sus medios de comunicación y empezar a cobrar por el acceso a algunas areas ‘premium’, Mark Cuban, el controvertido propietario de los Dallas Mavericks, fue uno de los múltiples ‘bloggers’ con influencia que aplaudió la ocurriencia del empresario australiano. Cuban, que en sus artículos en Blogmaverick.com alterna los comentarios acerca del basket y sus Mavs con opiniones sobre política, economía, medios de comunicación e internet, siempre ha sido muy crítico con las nuevas tendencias de apertura y gratuidad de los contenidos en la red defendiendo siempre el derecho de los productores de los mismos a generar ingresos con un esquema basado en los límites y la defensa de derechos de los que exponen su tiempo y dinero.
De ahí que no debería extrañar que en su artículo del pasado viernes lanzara una nueva idea poco aperturista acerca de la política de cesión de jugadores por parte de la NBA a las selecciones nacionales. A Cuban le gustaría que el basket americano adoptara la misma medida que la UEFA y decidiera ceder sólo a jugadores sub-21, lo que supondría volver a los esquemas anteriores a 1989 y contar con que Estados Unidos acudiría a Mundiales y Juegos con universitarios. “Los aficionados de la NBA y este propietario estamos hartos de jugadores que no pueden jugar al máximo de sus capacidades porque juegan también para otros intereses”, dice argumentando que la presencia de las estrellas NBA no alimenta el espíritu patriótico sino las arcas de los comités olímpicos y las federaciones.
Cuban, que en ocasiones tiene ideas sorprendentes e ingeniosas como la de suprimir los impuestos a las pymes durante la época de ajuste económico, mantiene con este tema una visión cerrada en su negocio y en su liga. Se le olvida, quizá, que los beneficios que ha reportado el cambio del estatuto del jugador -del que se cumplen 20 años- también han alcanzado a una NBA que gracias a la presencia de sus cracks en competiciones FIBA ha ganado en promoción global y en difusión hasta el punto de que, por poner un ejemplo, sus ingresos de merchandising fuera de Estados Unidos se han incrementado hasta casi ser un 30% del total y los hay que pronostican un 60% para el futuro. Tampoco recuerda que, gracias a ello, deportivamente el resto del mundo se ha incrementado su nivel hasta el punto de convertirse en una de las fuentes principales de abastecimiento de jugadores a la propia NBA, muchas veces sin que ello pueda repercutir adecuadamente en los clubs que han formado a esos jugadores. Finalmente olvida, y eso ya es raro, que el sistema actual de pólizas compensa a las franquicias por la cesión de sus jugadores y si estos seguros no satisfacen a los propietarios, estos ya se encargan adecuadamente de presionar a los jugadores para que renuncien a su deseo de mantenerse en el escaparate FIBA.
Mientras haya jugadores como los españoles que regularmente han mantenido su compromiso con la Selección en un mercado como el basket profesional que gestiona la escasez de talento, las ideas cerradas y proteccionistas de Cuban difícilmente llegarán a hacerse realidad.
Por lo que cuentan las crónicas, la mesa redonda organizada por la Fundación Estudiantes sobre la posibilidad de implantar límites salariales en el deporte español tuvo poco de debate y mucho de consenso, en vista de que la mayoría de los participantes se mostraron contrarios a su implantación. Ni clubs, ni jugadores, ni ligas profesionales ven con buenos ojos una medida de ese tipo para tratar de equilibrar la competición y llevar algo de rigor y sensatez a la administración de las SAD.
Con argumentos del tipo “la legislación europea lo consideraría ilegal” o que “sólo es posible aplicarlo en competiciones cerradas”, se dio por imposible aplicar una regulación al estilo del deporte profesional americano. José Luis Llorente, presidente de la ABP, lo ve como una medida ‘estricta’ aunque aboga por un mayor control de los presupuestos, algo que en el marco de la Ley del Deporte y con los cambios de tipología de las entidades deportivas no ha sido posible llevar a cabo en décadas.
Participaron en el acto el secretario general de la LFP, Carlos del Campo; el director general de la ACB, Josep Senespleda; el presidente de la AFE Gerardo Movilla; el presidente de la ABP José Luis Llorente, y el ex vicepresidente del Real Madrid Juan Onieva. Éste último llegó a decir que un límite salarial sería un “brindis al sol” y se pronunció a favor de una competición supranacional además de la supresión de los playoff en la liga de basket. El acto estuvo moderado por el periodista Ramón Trecet.
El pasado mes de julio ya tratamos de explicar en este mismo blog las bondades de crear un mercado regulado con límites salariales para crear competiciones más sanas, interesantes para el espectador y viables. Su implantación pasa, por descontado, por la negociación colectiva como sucede en la NBA y a partir de ahí dudamos mucho que la legislación europea o estatal impusiera trabas.
Se trata, tan sólo, de pensar en el interés general de la competición y no en los intereses particulares. Un ejercicio prácticamente insólito en nuestro deporte profesional. (FOTO: CLUB ESTUDIANTES)
Hace dos ‘posts’ hablábamos del practicante ocasional y de la obsesión de José Luis Sáez, presidente de la FEB, por llegar a captar a nuevos aficionados para nuestro deporte mediante un basket menos estructurado y digamos que ‘oficial’. Lo que muchos quizá no sepan es que el basket ‘tres contra tres’ es una modalidad aceptada por la FIBA desde hace pocos años que todavía no ha tenido una difusión extraordinaria porque no existen ligas nacionales o competiciones prolongadas más allá de los torneos de fin de semana patrocinados por marcas de equipación deportiva. En Estados Unidos los hay que van más allá y se inventan los dos contra dos con un sistema ingenioso: los mates valen tres puntos y se premian también los tapones contra tablero y los regates en los que el defensor se queda en el suelo. Es el revolucionario torneo Red Bull, que ha tenido lugar en Hampton, Virginia, este pasado fin de semana.
Hablando de ideas imaginativas, nada como las de algunas franquicias de la NBDL, la segunda división de NBA, que arranca este viernes. En una promoción sin precedentes, los Maine Red Claws regalan entradas a los aficionados que capturen algunas de las langostas etiquetadas que han sido devueltas al mar cerca de Portland. Es una de las historias sorprendentes que relata Darren Rovell sobre esta liga todavía incipiente que apenas atrae a 2.800 aficionados de media por partido pero que está creciendo como lo demuestra el hecho de que el propietario de los Thunder compró la franquicia de Tulsa por 2.25 millones de dólares. ¿Cuánto valdría un equipo ACB?
Para generar ganancias y expectativas de negocio, de todas formas, nadie mejor ahora mismo que Brandon Jennings. El base de los Bucks está convirtiendo en rentable todo lo que toca: sean colecciones de cromos o zapatillas. Los que se frotan las manos son los de Under Armour, la compañía que apostó por él antes de su aventura europea y ahora está bien posicionada para introducirse en el mercado del basket, aunque con mucho tiento porque como dice su vice-presidente Steve Battista, “en Under Armour la marca es lo primero y el deportista viene después”. O sea que Jennings se vaya con cuidado y no haga como Wade que el pasado año renunció a ponerse las Converse con las que tenía firmado contrato.
Hablando de zapatillas, y enlazando con un post del año pasado sobre la nueva tendencia de algunos jugadores NBA a usarlas de caña baja, aquí va un avance de la edición 2010 de la secuela Nike Kobe. Se trata de la V que llevaría el pseudónimo de chaos.
Kobe, por cierto, parece que ha sido captado por el sector de ‘geeks’ estadísticos de la Liga a juzgar por el impacto que tuvo en él un artículo del The New York Times sobre Shane Battier que ya mencionamos hace unos meses. Ahora parece que al 24 de los Lakers le ha dado también por pedir información numérica del rival a los asistentes encargados de ello en los Lakers.
De entre las cosas interesantes encontradas en la red hoy destaca, sobre todo, lo último de Brittney Griners, aquella espigada adolescente americana que hace unos meses impactó en Youtube con un entrenamiento en el que hacía mates en carrera con suma facilidad. Ni los aros estaban bajados ni había truco como lo demuestra en sus primeros partidos en la universidad. Por la facilidad con la que domina dentro de la zona, esta chica está llamada a dominar de forma parecida a cómo lo hacía Chamberlain en el basket masculino.
La frase del día es de Daryl Morey, general manager de los Houston Rockets: “Los buenos equipos no ganan partidos igualados, los evitan”
Una buena tarde en el tiro puede dar para ganar un partido complicado y protagonizar alguna sorpresa. Fiar una temporada únicamente al acierto ofensivo, sin embargo, puede resultar suicida, de ahí la insistencia de una mayoría de entrenadores por conquistar posesiones, hacerse fuerte en el rebote y ser consistente en defensa. Al final el éxito acaba siendo el resultado de una mezca de actitud y talento. Incluso diríamos que es una mezcla bastante equilibrada.
En 106 de los 201 partidos de la NBA jugados hasta el pasado lunes en la NBA el ganador es el equipo que menos posesiones ha dispuesto pero el que ha acabado con mejor porcentaje de anotación. En esta categoría de ganadores hay equipos de todo pelaje, desde los favoritos, que son capaces de resolver una mala noche en rebote con su talento hasta los que parten como teóricas víctimas, que se apoyan en una noche inspirada para sorprender. En base a las victorias logradas así puede establecerse una clasificación alternativa en la que destacan, por ejemplo, los Warriors que en los cuatro partidos que han ganado lo han hecho sin tener más posesiones sino teniendo mejor porcentaje de eficacia ofensiva. Toronto o Phoenix, incluso con más victorias, también van por ese camino.
En el otro lado del espectro está Houston, que en seis de los ocho partidos ganados ha necesitado más posesiones. Algo parecido puede decirse de Charlotte o Orlando
.
EQUIPO
VIC-POS
VIC
PORC.
.
Golden State
4
4
100
.
Toronto
5
6
83
.
Phoenix
8
11
73
.
Boston
7
10
70
.
Chicago
4
6
67
.
New Yorkerbockers
2
3
67
.
Miami
5
8
63
.
Cleveland
6
10
60
.
Detroit
3
5
60
.
Indiana
3
5
60
.
Philadelphia
3
5
60
.
Oklahoma
4
7
57
.
Denver
5
9
56
.
Dallas
5
10
50
.
Lakers
5
10
50
.
New Orleans
3
6
50
.
San Antonio
3
6
50
.
Portland
5
11
45
.
Memphises
2
5
40
.
Sacramento
2
5
40
.
Milwaukee s
3
8
38
.
Atlanta
4
11
36
.
Clippers
2
6
33
.
Clippersppers
2
6
33
.
Washington
1
3
33
.
Utah Jazz
2
7
29
.
Orlando
3
11
27
.
Charlotte
1
4
25
.
Houston
2
8
25
VIC-POS: Victorias con menos posesiones.
VIC: Victorias totales
PORC.: Porcentaje de victorias con menos posesiones.
La Copa de la Reina se había instalado en el calendario con un formato acorde con las expectativas de los aficionados y las aspiraciones de los clubs femeninos que tenían mediada la temporada un aliciente más para clasificarse y, una vez en ella, dar alguna sorpresa. Ocho equipos -uno de ellos anfitrión-, tres o cuatro días y la oportunidad de ver en acción a las mejores jugadoras del país eran la fórmula ideal para dar protagonismo a la competición. La FEB anunció esta semana que la edición de 2010, que se disputará en Zaragoza, se ve reducida a semifinales y final, lo que ha generado gran revuelo en algunos sectores y provocado la difusión de una nota de desacuerdo por parte de la Asociación de Baloncesto Femenino (a la que están adscritos algunos clubs).
Una vez escuchadas o leídas las razones y los planteamientos de unos y otros, se deduce que la Copa no se juega con cuartos de final por problemas de dinero. Al parecer la Asamblea de la FEB aprobó la reducción dando como plazo el 30 de julio para encontrar una sede que hiciera frente a los gastos con ese formato. Transcurrido ese límite sin hallar candidata, la enmienda de los representantes de los clubs se retiró y la reducción quedó servida. No es la fórmula ideal pero es la que resulta posible con los recursos disponibles, una filosofía muy propia de la FEB del presidente José Luis Sáez al que quizá se puede acusar de muchas cosas pero no de querer frenar el desarrollo del basket y especialmente el femenino.
El pasado lunes, con motivo de su visita a MD, tuvimos la ocasión de analizar con él la actualidad del basket desde distintas perspectivas en una comida distendida -con presencia del presidente de la Catalana Enric Piquet- que dio para mucho y me confirmó que seguimos estando ante uno de los más emprendedores dirigentes del basket de nuestro país. Además de las declaraciones que publicamos en nuestra edición del martes, Sáez habló de la necesidad de ampliar la base con nuevas fórmulas que hagan más fácil la captación de aficionados y de fomentar los formatos reducidos (tres contra tres, concursos de tiro…) para acceder al practicante ocasional que busca pasarlo bien sin ataduras ni grandes estructuras federativas. Criticó la fragmentación que padece el basket para explotar su potencial social y económico, de la confusión que todo ello provoca en el seguidor y en los patrocinadores. Cargó contra el proyecto de cambio de la Ley del Deporte señalando -como ya intuíamos- que los políticos no saben a qué atenerse porque los modelos implantados han fallado y no hay alternativas. Hablamos de Gasol, de la Selección, de los Juegos frustrados de Madrid… y en definitiva de un futuro del basket que sería muy sombrío si no fuera por las alegrías del verano y ese horizonte del Mundial 2014 que debería servir de impulso para recuperar la ilusión.
A veces hace falta un análisis estadístico y el recurso a una fuente de autoridad para corroborar lo que semana tras semana parece una evidencia. Un estudio realizado por profesores de la Escuela de Negocios Kelley de la Universidad de Indiana sugiere que los aficionados tienen un gran impacto en las decisiones de los árbitros que en muchas ocasiones no son objetivos en su intento de dar un trato justo a los dos equipos. Para ello se han usado datos de 365 partidos de basket universitario durante la temporada 2004-05, detectando un patrón de comportamiento claro: tienen más posibilidades de cometer una falta los equipos que tienen menos personales, los visitantes y los que marchan por delante en el marcador.
“Sea de forma consciente o inconsciente, los árbitros muestran un modelo de actuación tendente a igualar al final el número de faltas señaladas en cada equipo”, dice Kyle J. Anderson, uno de los co-autores de este análisis. “Es algo que podemos sospechar los que hemos jugado o entrenado pero una vez contrastados los datos he de decir que los resultados superan por mucho estos indicios”.
El estudio se ha publicado en el Journal of Sports Sciences. Además de estas conclusiones generales, el estudio entra en detalles curiosos. Por ejemplo, la probabilidad de que a un equipo visitante se le señale una falta en la NCAA es un 7% más alta que el local. Cuando un equipo marcha por detrás en el marcador la probabilidad de cometer una falta es un 6,3% mayor. En cuanto a la probabilidad de señalar una falta, se incrementa también en función de lo grande que sea la diferencia entre las cometidas por uno u otro equipo: cuando hay una diferencia de cinco o más faltas esta probabilidad se incrementa hasta un 69%.
Con estos datos, la teoría de que sale a cuenta empezar con agresividad los partidos a riesgo de cometer muchas faltas se confirma como cierta, al menos en la liga universitaria. Los profesores encargados del estudio citan, por ejemplo, un partido de la Final Four de 2005 en la que Illinois cometió las primeras siete personales. Cinco de las siguientes seis cayeron del lado de Louisville, que acabó el partido con una personal cometida más. Illinois ganó el partido pero perdió la final.
Con la dispersión de emisiones en diversas cadenas y países no será fácil tener datos de audiencias televisivas globales de la ‘nueva Euroliga’. Lo que sí es fiable de momento es referirse a las cifras de asistencia a los pabellones y ahí la competición sale muy mal parada esta temporada. Es cierto que estamos muy al inicio del curso y puede resultar prematuro emitir juicios de valor contundentes con sólo cuatro jornadas pero es un primer aviso serio que se haya reducido la presencia de espectadores en las canchas en un 6,28%, según el estudio publicado por Ball in Europe.
El ranking de asistencia demuestra que sólo dos equipos con pabellones de más de 9.000 aficionados pueden presumir de tener un 90% del aforo lleno en estos primeros partidos: Maccabi y Tau Cerámica. Con estas cifras, cabe pensar que la idea inicial de promover la construcción de instalaciones para obligar dentro de tres años a todos los participantes a jugar en canchas de 10.000 asientos se advierte innecesaria. Por las últimas informaciones e incluso disputas que han trascendido, la Euroliga ha puesto en aviso a algunos clubs como Maroussi o Fenerbahçe (Roma, gracias a la buena marcha del equipo, ha mejorado algo) lo que hace pensar que éste puede ser un criterio a tener muy en cuenta en el futuro para revisar algunas licencias o considerar ‘wild cards’. Son varios los partidos en los que apenas se han registrado poco más de mil espectadores, una cifra que ni siquiera sería admisible en una Adecco Oro o Plata.
Mucho nos tememos, sin embargo, que no se trata de un fracaso puntual o localizable sino en una deficiencia general de la Euroliga, incapaz de tomar impulso para atraer el interés de los aficionados y convertirse en un producto de entretenimiento global en el continente a la altura que pueda estar la Premier League de fútbol o los torneos de tenis de la ATP por no hablar ya de NBA o Fórmula 1. Para empezar, la primera fase resulta banal y exenta de interés para los grandes mercados. Que se jueguen partidos como el de Vistalegre de hace dos semanas entre Madrid o Panathinaikos (o el que próximamente enfrentará a Barça y Montepaschi) sin que el resultado no se arrastre o tenga consecuencias directas en la siguiente fase supone una gran oportunidad perdida para enganchar y un desperdicio absoluto. “Si ganamos, bien. Peor si perdemos, no pasa nada. Lo que pase en este partido no va a marcar donde vamos a terminar al final de la temporada”, decía el técnico del Madrid, Ettore Messina antes de recibir a los griegos. En la NBA, por ejemplo, el playoff queda lejos pero que Cleveland perdiera los primeros dos partidos de fase regular ya dio algo de ‘marcha’ al inicio de temporada porque quizá eso le afecte para poder ser líder de conferencia.
La otra gran carencia de la competición es la falta de identificación con las estrellas y los proyectos deportivos, unido al hecho de que grandes plazas del basket europeo de antaño como las de los países balcánicos, Italia o Francia hayan perdido varios niveles de competitividad. Al seguidor medio le cuesta identificar a los jugadores de Cibona, Partizan, Olimpia, Lietuvos Rytas o Asvel, por ejemplo, y los clubs (que teóricamente son los dueños actuales de la competición) no hacen esfuerzos verdaderos por promocionar a los jugadores, que deberían ser las verdaderas estrellas del circo.
La conclusión a la que llego es que gran ventaja de la Euroliga, tal como está estructurada hoy en día, son las seis horas de diferencia con el continente americano que impiden a la NBA competir en condiciones con su producto televisivo en el ‘prime time’. Si la Tierra no fuera redonda quizá todos estaríamos mucho más pendientes del próximo duelo entre Kobe Bryant y Carmelo Anthony que de un partido intrascendente entre Barça y Zalgiris, por poner dos ejemplos.
No sé si se trata de un sensación personal o una realidad palpable pero este verano, al menos por Barcelona y su área metropolitana, las camisetas oficiales de NBA se han puesto de moda. No hablo ya de la típica de Gasol con los Lakers o la de Rudy con Portland, que se puede ver constantemente en las gradas del pabellón del DKV Joventut. He visto a infinidad de jóvenes con la de Dallas con el 41 de Nowitzki, la de Lakers con el 24 de Kobe y la de Boston con el 5 de Garnett por no hablar de réplicas de lo más inverosímil: camisetas retro, de equipos desaparecidos como los Sonics o de jugadores casi desconocidos para el gran público.
No extraña, pues, que para la división de merchandising internacional de la NBA no exista época de crisis precisamente. Según publicó recientemente Sports Business Journal, las ventas de producto con licencia NBA han pasado de ser un 25 a un 27% del total y se proyecta que en septiembre de 2010, de seguir este ritmo, se alcanzará el 30% lo que significa varios cientos de millones de dólares en ingresos. El incremento de ventas a nivel mundial coincide con cierto estancamiento en Estados Unidos. Europa es el principal mercado exterior seguido de China.
“No me sorprendería que las ventas en el extranjero llegaran a ser del 50 o del 60% en pocos años”, manifestaba Sal LaRocca, vicepresidente y máximo responsable de global merchandising en la NBA.
La sensación de este inicio de temporada son las ‘Shooting Shirts’, unas sencillas camisetas de manga corta con el motivo del equipo a un lado y el dorsal de un jugador con su nombre en tipografía típica de los marcadores. Adidas, que tiene los derechos de venta de equipamiento NBA, ha hecho coincidir este tipo de camisetas con el estilo de las que usan los futbolistas en un guiño al mercado internacional, algo que no parece coincidencia.
La industria del merchandising NBA funciona a pleno rendimiento desde hace muchos años con hábitos tan asumidos como los cambios constantes de diseño en las camisetas de un año para otro o los ejemplares conmemorativos que los equipos lucen durante uno o varios partidos. Una vez son camisetas con tonos verdes para defender la defensa por el medio ambiente y otro día se trata de captar a los aficionados latinos con las inscripciones de los equipos en español, la cuestión es llamar la atención y generar novedad y reclamo. Paul Luckas, de ESPN, ha realizado en este inicio de campaña un inventario de los principales cambios registrados en equipamiento en casi todos los equipos este año.
Posiblemente el tema de las audiencias televisivas haya sido uno de los que más excusas, explicaciones, análisis y críticas ha generado en los últimos años en los medios de basket de este país. El caso es que llevamos ya demasiadas temporadas sin que los indices remonten y, eso es lo más triste, sin que se adopten medidas para corregir esta situación. Que el nuevo panorama televisivo es más fragmentado de un tiempo a esta parte ya no es una justificación admisible porque también debería serlo para el fútbol o, por ejemplo, para las series de culto que se han mantenido con los años en números siempre envidiables. Que el producto de basket es deficiente -por diversas causas- vendría a explicar muchas cosas pero también le doy la razón a los que, como César Nanclares, piensan que el tratamiento que TVE le ha dado a las retransmisiones no ha hecho más de erosionar su imagen y ocultar su real potencial.
En este panorama desolador, Televisió de Catalunya (TV3) se destaca sobradamente como el medio televisivo que mejor trato lleva dando a nuestro deporte desde hace tiempo. Esto es así, primero, por una apuesta empresarial ya que la cadena lleva varias temporadas haciéndose con los derechos de las tres grandes competiciones que interesan al aficionado (ACB, Euroliga y NBA) con esfuerzos que me constan por parte de sus actuales responsables para contentar a todos los clubs. Si además les digo que ofrecen ocasionalmente partidos de LEB, Liga Femenina y Lliga Catalana, además de un programa semanal de NBA repetido en horas decentes, comprenderé que en el resto de España sientan sana envidia. Pero además de eso, TVC sabe cuidar el producto por su realización, su imagen moderna e innovadora y la sensación de profesionalidad que transmiten sus emisiones. Si a todo ello añadimos la aportación original de un excelente narrador como Jordi Robirosa, el análisis siempre certero de Nacho Solozábal y la cercanía con los protagonistas de Víctor Lavagnini, tendremos unas retransmisiones que se ajustan a lo que puede demandar el espectador más exigente. “Ésta es la clave del éxito de nuestro trabajo: currárselo”, escribe Robirosa en ‘A prop de les estrelles de l’NBA‘ (’Cerca de las estrellas de la NBA’), el libro sobre su experiencia de veinte años siguiendo la mejor liga del mundo que se presenta el martes en Barcelona y que debo recomendar después de haberlo leído este fin de semana. “Hace ya muchos años que se han acabado las retransmisiones ‘peladas’ sin nada más que la imagen del partido y el comentario. El público de basket es joven y exigente, no se conforma con poco; hay que darle datos, mucha información y diversión”. ‘Robi’, con el que he tenido el placer de coincidir en múltiples viajes de Euroliga con el Barça, ha sabido aportar estos valores hasta el punto de no dejar siquiera que en las retransmisiones de ACB nos podamos levantar del sofá al descanso. Como ha pasado con el malogrado Andrés Montes en el ámbito estatal, posiblemente en Catalunya no se encuentre a nadie mejor para vender este producto tan maltratado por tantos.
Antes de empezar la temporada decía Larry Brown que si en un partido no veías de 100 a 120 tiros se trataba de un fin de semana perdido. “En la antigua ABA se usaba el reloj de 30 segundos de posesión y se tiraba casi el doble”, lamentaba el veterano técnico americano defendiendo una filosofía de juego dinámico más generosa con la grada. En la práctica, no obstante, su equipo actual, los Charlotte Bobcats (el otro día pude ver un partido ante los Nets de lo más ‘rácano’), no parecen aplicarse estos principios.
El caso es que, a pesar de los Bobcats, en la NBA hay cierto entusiasmo con un ligero incremento del promedio anotador. Apenas tres partidos por equipo es una muestra que los amantes de las estadísticas discutirían, pero los indicios invitan al optimismo: de los 95 puntos por equipo y partido anotados en la temporada 08-09 se ha pasado a casi 99 en la actual. Han empezado las especulaciones y algunos se atreven a encontrar la causa en la instauración de un nuevo sistema de aros retractiles que facilita que algunos tiros que antes tenían un rebote más lejano ahora entran. El nuevo sistema es sencillo: si antes el aro se doblaba hacia abajo sólo en el frontal, ahora también lo hace en los laterales. Fue un producto introducido por Spalding para reducir los riesgos de lesión en los jugadores que se cuelgan y reducir las tensiones en los tableros pero que puede tener consecuencias inesperadas (o no) como ésta de la mayor facilidad en anotar canastas. “Estos nuevos aros me recuerdan a los del playground que teníamos en la calle porque si tu tiro toca el hierro se amortigua el rebote y las posibilidades de que el balón entre son mayores”, dice el alero de los Rockets Shane Battier, un hombre muy atento al cambio de cualquier detalle en el juego para intentar sacar ventaja en los partidos. “Pues yo no veo ninguna diferencia”, dice en contraste el base de los Suns Steve Nash, que está teniendo un inicio de temporada fabuloso.
Los 99 puntos por partido en 48 minutos en la NBA equivaldrían a unos 80 en proporción al tiempo de juego en el basket FIBA. Es una cifra no alejada de lo que era hace unos años el promedio anotador en la Liga ACB o la LEB, por poner dos ejemplos cercanos. Digo ‘hace unos años’ porque en la actualidad, la media está bastante más abajo, especialmennte esta temporada en la que se han registrado descensos bruscos: 74,3 en ACB (por 76.6 de la pasada campaña) y 72.9 en LEB (por 77.4 del anterior). El caso de la LEB resulta especialmente alarmante porque puede ser una de las consecuencias de las nuevas reglas pero también quizá menos significativo porque es posible que los tiradores necesiten algo más de tiempo para adaptarse a esta situación. El caso es que, en ambas categorías, el promedio de puntos en los últimos seis años ha bajado en casi seis por equipo, lo que supone 12 puntos menos por partido. Si Larry Brown se entera estoy seguro de que hablaría de fraude para el aficionado.
PROMEDIO ANOTADOR DE LA COMPETICIÓN EN LOS ÚLTIMOS AÑOS POR EQUIPO Y PARTIDO